Pensamiento divergente

Hoy nos adentramos en el mundo del pensamiento divergente de la mano de Mihaly Csikszentmihalyi. Os proponemos potenciar tres dimensiones del pensamiento divergente que, por lo general, se consideran importantes para la creatividad. Estas son la fluidez, la flexibilidad y la originalidad.

1º Produce tantas ideas como puedas: con ello entrenaremos nuestra fluidez, es decir, nuestra facilidad para ofrecer un gran número de respuestas.
¿Tienes que escribir un informe o una carta? Localiza una palabra clave e intenta encontrar el mayor número posible de sinónimos. Puedes ayudarte de un diccionario si te atascas. Al principio insiste en la cantidad, después serás más crítico y te guiarás por la calidad.
¿Estas planeando tus vacaciones? Propón tantas opciones como puedas. No importa si algunas no son demasiado sensatas. Hay veces que alguna sugerencia alocada abre tu mente a nuevas direcciones que no hubieras tenido en consideración sin esa pequeña locura.

2º Ten tantas ideas diferentes como puedas: Imaginar alternativas a los que otros afirman ser verdad puede resultar inútil en un 99% de los casos. Pero, en el otro 1%, la práctica de adoptar una perspectiva divergente puede originar ideas originales y también útiles.
Ojea libros de categorías diferentes a los que sueles leer, pruébate ropa que nunca te pondrías, varía tu menú, la música que escuchas. Abre el abanico de ideas y posibilidades. Salte de lo familiar, prueba a ser osado.

3º Intenta producir ideas improbables: es más difícil aprender a ser original que a aprender a ser fluido y flexible. Requiere cultivar un gusto por la calidad que no es necesario en las otras dos cualidades.
Toma al azar un párrafo del periódico del día e intenta encontrar formas únicas y más recordables de expresar las mismas ideas. O después de una reunión, puedes elaborar rápidamente posturas alternativas a las que se han expresado, o integrar las distintas perspectivas en otra más amplia e integradora.

Pensar de manera divergente requiere mucha más atención y energía que ser un pensador rutinario. Por tanto, trata de escoger el momento para ser creativo y el momento para no serlo. Así, evitaras consumirte en una llamarada de intensa originalidad.

Fuente: Csikszentmihalyi, M. (1998). Creatividad: el fluir y la psicología del descubrimiento y la invención (pp. 41-71). Barcelona: Paidós.

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