El caballo como entrenador emocional - Candy Rodríguez

Hace muchos años que convivo con caballos.

Además de veterinaria soy profesora de equitación, y en nuestro centro hacemos talleres y programas para niños y adultos, para familias, visitas escolares, equinoterapia, entreno y educación de caballos, etc.

En mi propia evolución, me di cuenta que eran los caballos los que entrenaban a mis alumnos, a los niños, a los equipos, a los participantes de clínicas…a mí. Entonces hice lo que solemos hacer las personas cuando nos apasiona algo: estudiar, aprender y profundizar más acerca de la etología equina, participar en cursos con grandes especialistas, practicar la comunicación natural con el caballo y enseñársela a otras personas. En definitiva, me dediqué a ahondar en el estudio de la neurociencia, la inteligencia emocional y comenzar un viaje sin retorno formándome como coach.

Los caballos llevan unos 50 millones de años en la tierra, su capacidad de adaptarse a los procesos evolutivos y sobrevivir durante tantísimos siglos ha sido gracias a sus sentidos, muy desarrollados, que les permiten recoger toda la información del ambiente que les rodea para saber a qué atenerse con garantías.

De naturaleza social, llevan unos 5000 años domesticados y unidos a los grandes avances del hombre en la agricultura, conquista de nuevos territorios…en definitiva han estado presentes en nuestro desarrollo. Como si tuvieran un gigantesco escáner, reconocen todo lo que nuestro cuerpo comunica, incluso los micro gestos de la cara y, por tanto, nuestras emociones. Son expertos en lenguaje no verbal (auténticos maestros!) Gracias a esos sentidos superlativos captan nuestra frecuencia respiratoria, el ritmo cardíaco, el campo electromagnético que desprende nuestro corazón, identificando y mostrándonos la coherencia o incoherencia entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Magia!!!

Al interactuar con un caballo podemos dejar las máscaras sociales atrás (sabe “leer” bajo ellas) y lo más maravilloso, no nos juzga!; no le importa cómo vamos vestidos, cómo vamos peinados, nuestro físico, nuestro status, si tenemos o no alguna discapacidad (nos iguala); abre un canal de comunicación directo con nuestro cerebro emocional (nos ayuda a equilibrarlo con el racional); nos aterriza en el cuerpo por lo que aumentamos la observación y la escucha; nos brinda la oportunidad de conectar con nuestras emociones y regularlas (disminuye nuestra ansiedad…la naturaleza tiene su propio ritmo!); nos muestra el camino del liderazgo emocional (el que no se impone, el que sucede); nos enseña a ser flexibles, a reconocer la importancia de negociar, de preguntarnos qué necesita el otro y a ser asertivos; nos hace estar en el presente (enfocarnos, apaga nuestro ruido mental); nos ayuda a desarrollar la intuición.

Todas estas habilidades se ponen en práctica en los talleres de inteligencia emocional y coaching con caballos.

¿Cualquier persona puede participar? Por supuesto! No es necesaria tener experiencia previa, ni condición física, pues las dinámicas son “pie a tierra”, no se monta en el caballo. Cualquier persona puede participar, si tiene ganas de auto gestionarse y de descubrir sus talentos escondidos, o de detectarlos en los demás, porque se amplifican.

¿Cualquier caballo es apto? En mi experiencia, sólo los caballos emocionalmente equilibrados, esto es, con sus necesidades básicas cubiertas (calma, compañía de otros caballos y comida). Desde ese equilibrio emocional interactúan en función de lo que proyectamos y sentimos, lo que nos empuja al autoconocimiento, crecimiento personal y mejora de la relación con nosotros mismos y con los demás. Fascinante! En las sesiones el caballo nos da una respuesta inmediata, objetiva y sin filtros; un aprendizaje vivencial y directo que se integra profundamente, y que podremos trasladar a nuestra vida diaria.

Lo que se aprende haciendo, no se olvida!

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