Los errores ajenos

Cualquier error es una oportunidad de aprendizaje, sin embargo, a la mayoría de la gente nos cuesta aprender a asumir la responsabilidad de nuestros errores. Muchas veces, no estamos dispuestos a reconocer que nos hemos equivocado porque lo consideramos un signo de debilidad.

Nuestros hijos están sometidos a mucha presión para que sean buenos, fuertes y excepcionales, y en estas circunstancias, asumir la responsabilidad de sus errores les resulta muy difícil.

A los niños les encanta que les hablemos de los errores que nosotros cometíamos cuando éramos pequeños. De este modo, se dan cuenta de que no tienen que ser perfectos. Así pues, utiliza tus errores para aliviar un poco la presión y para explicarles que podrías haber hecho para controlar mejor la situación. Prueba a hacer una lista con los 10 fracasos más grandes de tu vida. Puedes preguntarte: ¿Aprendí algo de esto? ¿Para qué me sirvió? ¿Fue necesario o se podía haber evitado? ¿Cómo?

También puedes probar a hablar a tus hijos de gente famosa que se equivocara antes de triunfar, como Thomas Edison y la historia de la bombilla. Para lograr que funcionara tuvo que sobreponerse a mil intentos fallidos. Su paciencia tuvo su fruto y Edison dijo: "No fueron mil intentos fallidos, fue un invento de mil pasos". Esta poderosa reformulación de la situación seguramente le ayudó a establecer una motivación para seguir adelante.

Pensad juntos qué pudo aprender cada uno de sus errores para continuar y alcanzar el éxito. Es importante aprender de los fracasos, pero no sólo para no repetirlos, debemos aprender a sacarles ventaja. El sentido del humor es un valioso recurso que nos ayudará a quitarle importancia a los errores y a verlos desde otras perspectivas. Dar la vuelta al problema y usarlo en beneficio propio es una competencia estupenda que nos ayudará a ser más creativos.

Fuente: Glennon, W. (2002). La inteligencia emocional de los niños: claves para abrir el corazón y la mente de tu hijo. Oniro.

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