Rendir o sentir. El miedo a hacerlo mal en el sexo

Una preocupación constante que me encuentro en consulta es el miedo a fallar en un encuentro erótico, a hacerlo mal. Y entonces yo pregunto qué es eso de hacerlo bien.

El sistema productivo que influencia nuestra actividad diaria nos orienta hacia objetivos, metas, mediciones cuantitativas. Trasladamos todo esto al sexo. Objetivo orgasmo, siguiendo una secuencia estructurada de pasos que correctamente ejecutada nos llevará al éxtasis. Y como si de presionar botones se tratase, nos estimulamos con besos y caricias, realizando lo que hemos interiorizado como “juegos previos” o “preliminares”, que nos conducen al coito que ni muy rápido ni muy despacio, que nos lleva a su vez al orgasmo simultáneo, o al orgasmo de vulvas y vaginas primero y de penes después. Además, se presupone que somos heterosexuales hasta que se demuestre lo contrario, así que la mayor parte de la información sexual está dirigida a heteros. Al finalizar cuantificamos duración, intensidad y número de orgasmos, poniéndonos una nota que influirá en nuestro siguiente encuentro. Y aunque las vivencias de la sexualidad son enormemente diversas, esta visión coitocéntrica y del rendimiento continúa muy extendida.

¿Os imagináis que diésemos por supuesto que a todas las personas que nos atraen les gusta la misma comida? ¿Y que les gusta hacer lo mismo en su tiempo libre? Probablemente nuestras citas no resultarían muy bien. Lo mismo ocurre cuando tenemos un encuentro erótico con alguien sin conocer sus gustos, sin preguntar, sin comunicarnos y sin leer su cuerpo y sus señales no verbales. Existen tantas maneras de vivir y disfrutar la sexualidad como personas hay, y múltiples variables que influyen en el encuentro. Centrándonos en el aspecto emocional, algunos ejemplos son cómo se lleva esa persona con su cuerpo, lo cómoda y a gusto que se siente ese día contigo y con la situación, las emociones que experimenta hacia el sexo, siempre influidas por sus creencias, vivencias y educación.

La satisfacción es subjetiva; no hay una medida cuantitativa. Diez personas diferentes pueden ver la misma película y tener opiniones y sensaciones totalmente distintas.

¿Cómo puede influir el miedo a no hacerlo bien en nuestro encuentro? Nuestro sistema nervioso autónomo tendrá un importante papel. Es el responsable de regular las funciones involuntarias de nuestro cuerpo, como por ejemplo la respiración. Y va influir en el terreno sexual a través de dos sistemas: el parasimpático y el simpático.

El parasimpático es el que toma el mando cuando estamos en un estado de relajación, y es también el que favorece que con una estimulación placentera nuestro cuerpo comience a excitarse.

El simpático es el responsable de nuestra activación y alerta. Si la excitación va en aumento tomará el control y nos ayudará a llegar al orgasmo; entre sus efectos notaréis que la respiración se acelera, el corazón late más rápido y los músculos se tensan. Pero, ¿qué ocurriría si en medio de un encuentro apasionado nos huele a quemado y vemos salir humo por debajo de la puerta? Que nuestro sistema nervioso simpático tomaría el control para resolver la situación de peligro y en ese momento la concentración de sangre en los genitales no nos sería útil: la excitación se evaporaría. Esto mismo ocurre cuando el miedo a no rendir, a no gustar, a no saber hacerlo bien se apodera de nuestra mente; nuestro cuerpo reacciona ante esa situación de peligro como si de un incendio se tratase y las posibilidades de disfrute se reducen o se difuminan. Piensa en recibir una caricia cuando te encuentras en una situación que te genera tensión y en recibir la misma caricia en un ambiente cómodo y relajado. Misma caricia, diferentes sensaciones.

Cuando pregunto: ¿Para qué tienes relaciones sexuales? Las respuestas suelen ser: Para disfrutar, Para pasar un buen rato, Para divertirnos, Para sentir placer. Si el modo rendimiento desactiva nuestro disfrute, quizás sea el momento de investigar qué nos relaja, qué nos gusta, qué nos resulta divertido y placentero. Convertir esta investigación en un juego y jugar en equipo con una buena comunicación transformará nuestras experiencias y nuestro modo ya no será rendir, sino sentir.
Si cuando tenemos sexo a menudo no pretendemos reproducirnos, ¿por qué hacerlo siempre como si nos estuviésemos reproduciendo? Es el modelo aprendido, el que nos enseñan en la escuela, el que vemos en las pelis y el que genera un gran número de dificultades sexuales. Rompamos los moldes y busquemos nuestro disfrute.

Y recuerda que todo es sexo: no hay unas prácticas mejores que otras, es cuestión de gustos, preferencias, del momento… El inicio y el fin lo marcan las personas implicadas y su bienestar.

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